La necesidad de ser feliz (II)

La atención de nuestras necesidades nos lleva por una senda que creemos nos conducirá a la felicidad, pero esa felicidad nunca es tal y como la concebimos inicialmente.

El propio Maslow nos advierte de que el ser humano raramente alcanza un estado de completa satisfacción, excepto en breves periodos de tiempo (...) en seguida surgen otras (y superiores) necesidades y éstas dominan el organismo más que el hambre fisiológica. Ninguna necesidad, por tanto, incluso aunque se logre totalmente, puede colmarnos.


Al igual que el resto de animales, nuestras necesidades obedecen al imperativo genético de sobrevivir y reproducirse. Pero también es cierto que el ser humano ha desarrollado un nivel de conciencia que le permite preguntarse "¿para qué?"

¿Podemos trascender nuestras necesidades? ¿Podemos atenderlas sin cederles el poder de ser nosotros mismos?

Lo cierto es que a veces le hacemos trampas a Maslow y sobrevaloramos algunas necesidades, incluso estando ya sobradamente satisfechas -una casa, una casa más grande, dos casas...-, en lugar de escalar hacia arriba y tratar de vivir con la intención añadida de hacer algo más; cada uno lo que considere, lo que "necesite".


El corredor tiene la misión de llegar a una meta, aunque durante casi toda la carrera siente la necesidad de pararse. Si confunde ambas cosas está perdido.

¿Y qué hay por cierto, de las necesidades de los demás? ¿No seré el mismo esclavo trabajando para otro amo? El mundo es demasiado grande. La tendencia es que cada uno se preocupa de lo suyo.


Nuestras necesidades ocupan nuestro tiempo y a ellas, cada uno legítimamente a las suyas, dedicamos nuestra energía, sin cuestionarlo demasiado. Y esa es la ruta al parecer, para llegar a la enigmática autorrealización. Otra cosa es que confundamos autorrealización con felicidad.

La felicidad no es nuestra misión. Pero mirar a la felicidad como meta nos facilita la vida. Nos ayuda a llevarla, soñando un final feliz a nuestro inevitable y fugaz impulso.


Sobre la felicidad dice Anthony de Mello en uno de sus cuentos, que es una mariposa; si la persigues se escapa; si te sientas y esperas tranquilamente, se posa en tu hombro. (Anthony de Mello, Un minuto para el absurdo)



¿Y la autorrealización?


Según Maslow, la autorrealización es: aceptación de uno mismo, afinidad humana, apreciación clara de los bienes de la vida, soledad y autonomía, relaciones interpersonales profundas, humildad y respeto, creatividad y tolerancia. ¡Casi nada!


Para este tímido psicólogo neoyorquino, que inauguraría el Movimiento Humanista revolucionando la ciencia de la Psicología, las personas autorrealizadas saben amar sin enredarse en conflictos, amenazas ni inhibiciones.


Conseguir satisfacer las necesidades y llegar a sentirse autorrealizado produce al parecer un gran efecto en cualquier persona. Y ese efecto en el ser humano -sigue diciendo Maslow- es que al fin, puede sentir las necesidades del otro como suyas propias.



Todo es necesario. En la misma medida, necesario.


Todo forma parte del camino.

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© Copyright Manuel Goizueta López. Zaragoza. 2020

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