Cuidadores y enfermos crónicos


Cuando en nuestra sociedad hablamos de dependencia nuestra atención suele dirigirse a la persona enferma o necesitada de ayuda, olvidando que esa dependencia se sostiene con bastante frecuencia en la actitud de alguien, cuya labor va más allá de una obligación contractual o laboral: el cuidador o cuidadora.



Todas y todos hemos sido cuidados alguna vez, sin excepción. Es posible que por ello nos resulte más sencillo empatizar con el enfermo, pero también hemos de dirigir nuestra mirada al cuidador, a la cuidadora, para ponernos en su lugar y hacerla merecedora de nuestro reconocimiento.


El perfil del cuidador es en la mayor parte de los casos el de una mujer -motivo por el que sería más correcto hablar de cuidadoras-, un familiar cercano (esposa, hija…) que por lo general, ha dejado de lado su propia vida para atender las necesidades de la persona dependiente, sin mediar remuneración económica y por un tiempo que en demasiadas ocasiones se prolonga durante muchos años.


Los efectos de la dependencia en el cuidador tienen a la larga un alto coste personal, en todos los niveles: agotamiento físico y emocional, renuncia a aspiraciones laborales, reducción de la actividad social… La cuestión es: ¿quién cuida al cuidador?

Desgraciadamente, no hay demasiadas alternativas ni ayudas públicas que atenúen la carga de la dependencia y que faciliten esta importantísima función social, de tal manera que la ayuda más directa y eficaz que puede encontrar hoy por hoy la persona cuidadora está en ella misma, nos guste o no, a través del autocuidado.



Para ello la persona cuidadora ha de tomar conciencia de la sobrecarga que lleva y valorar su propia labor en toda su extensión. Esta toma de conciencia y este reconocimiento son imprescindibles y necesarios, para que a la cuidadora no le resulte extremadamente complicado aliviarse sin sentir culpabilidad, para que pueda sentir también compasión por sí misma y comenzar a desplegar actitudes encaminadas al propio bienestar.


El papel de trabajadores sociales, psicólogos y en general, otros profesionales de la ayuda, cobra sentido facilitando esa toma de conciencia y posibilitando a partir de ahí, el poder gestionar medidas. Una de las maneras altamente efectivas para hacerlo es a través de las técnicas grupales, integrando en los grupos a las personas cuidadoras bajo la coordinación de un terapeuta. Esta metodología se viene aplicando con éxito en el Ayuntamiento de Madrid desde hace varios años.


Las personas cuidadoras necesitan todo nuestro reconocimiento.


El hecho de expresar los sentimientos positivos y negativos que la relación de cuidado genera, sentirse útil y recuperar la conciencia de sus propias necesidades individuales, transforma al cuidador agotado en un cuidador aliviado y consciente del valor de su tarea, lo cual no solo tiene como efecto el aumento de su salud y fortaleza emocional, sino que va a revertir en la calidad de sus cuidados y en la mejora de la persona dependiente a su cargo, contribuyendo así a la realización de una sociedad más justa, más solidaria y más humana, es decir, de una sociedad mejor.

(*)Referencia: Curso sobre "Los aspectos psicológicos a los que se enfrentan enfermos crónicos y cuidadores", celebrado en la sede de la UNED en Calatayud, abril 2016, impartido por psicólogas de diversas áreas y dirigido por Dª. Mónica Rodríguez Zafra, Profesora Titular del Dpto. de Psicobiología de la UNED.

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