Para que te vaya bien...


No sabemos nada del misterio de la vida. Tan solo que nos viene a través de nuestros padres. Todas las personas nos vemos condicionadas por esa relación y muchas pasamos gran parte de la vida intentando liberarnos de ella, o sencillamente tratando de entenderla. Un antiguo mandamiento reza "honra a tu padre y a tu madre..."


Decía Perls que la relación con nuestros padres es la situación no resuelta más común:


Como ustedes saben, los padres jamás tienen la razón, están siempre equivocados. O son muy altos o muy bajos, demasiado inteligentes o demasiado simples. Si son estrictos, deberían ser blandos, etc. Siempre habrá lugar para echarles a ellos la culpa, si es que éste es nuestro juego predilecto. También podemos hacerlos responsables de todos nuestros males e infortunios. Seguirán siendo niños mientras no estén dispuestos a desprenderse. Pero el componerse y decir: “Papá, mamá, yo soy grande ahora”, es harina de otro costal (Fritz Perls, Sueños y Existencia)


Pues bien, a los padres no hay que reprocharles que sean como son, ni exigirles que sean de otra manera, ni siquiera debemos de intentar comprenderlos o perdonarlos. Solo cabe honrarlos y agradecerles que sean como son, porque si no hubieran sido exactamente como fueron nada sería posible, ya que ni tú ni yo estaríamos aquí. Así de sencillo. Honrar a los padres es el único movimiento que permite dejar de mirar atrás y comenzar a encarar nuestra propia vida.



¿Significa eso en la práctica que hay que decir a todo que sí a nuestros padres y someternos a todo lo que nos viene de ellos? Por supuesto que no. Una vez adultos, en nuestra vida tenemos que tomar nuestras propias decisiones, pero desde el respeto y desde la actitud interna del agradecimiento.



Hay relaciones con los padres muy complicadas -desde el abandono hasta el peor de los contextos-, que son el origen de numerosos trastornos emocionales y conductuales. Tomar a los propios padres en esas situaciones puede suponer el más costoso aprendizaje de la vida. Pero incluso en estos casos, será preciso en algún momento sobreponerse a esa carga y salir de lo emocional, para tratar de ver que también ellos llevaron su dolor y aceptar quizás su incapacidad para resolverlo; para intentar entender que ellos hicieron lo que pudieron en sus circunstancias, de la misma manera que lo hacemos nosotros. ¿No haces tú lo que puedes en tus circunstancias?


Cuanto más dura haya sido esa realidad con los padres, más difícil será comprenderlo y aceptarlo, pero más fuerza y liberación recibirá también esa persona cuando lo haga. Se abrirá a toda la fuerza de la vida, que quiso llegarle a través de sus padres.


Como decía al principio, no sabemos nada del misterio de la vida excepto una cosa: que nos viene a través de nuestros padres. Quien dice "no" a sus padres, de alguna manera está diciendo "no" a la vida. Decir "sí" a los padres tal y como son, tal y como fueron, es aceptar el regalo de la vida con todas las consecuencias, al precio que nos fue dada y que fue posible gracias a ello. Solo así es posible hacerse uno responsable y entregarse plenamente a ese regalo.


Da igual que no hables con ellos o que ya no estén. Es un proceso interior, en tu corazón. En la aceptación de los padres, se encuentra la propia aceptación. La obra de tu vida es el reflejo de ese proceso. Quien no acepta a su padre y a su madre, quien se niega a tomarlos en su corazón, inconscientemente se está diciendo a sí mismo que viene de algo malo, con todo lo que ello supone.


Brigitte Champetier no se cansa de repetirlo en sus cursos y Bert Hellinger lo afirma a lo largo de toda su obra... los hijos solo deberían decir una cosa a sus padres: "gracias y ahora, trataré de hacer algo bueno con mi vida".


Nada nuevo bajo el sol. Pasan los siglos, pero la sabiduría permanece desde siempre... honra a tu padre y a tu madre. El versículo continúa con palabras muy sencillas: “honra a tu padre y a tu madre... para que te vaya bien y para que tengas larga vida sobre la tierra”.

(Efesios 6:3)


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© Copyright Manuel Goizueta López. Zaragoza. 2020

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